CARTEL #25FIJR

“La mayor transferencia, el beso”

La artista, diseñadora y docente granadina Marta Vázquez Juárez, autora de los carteles y la imagen gráfica de las dos ediciones anteriores del FIJR, reinterpreta partiendo de la idea del GLITCH la icónica secuencia del beso entre José Val del Omar y María Luisa, su mujer, perteneciente al metraje de una película familiar.

La forma más sencilla de explicar qué es un glitch sería definiéndolo como un error tecnológico. No obstante, no se trata de un problema intrínseco del hardware o software, sino de un fallo pasajero de origen desconocido que surge por sorpresa. Un archivo dañado o un códec perdido pueden provocar un glitch que un minuto antes o después no se hubiese producido, o se hubiese producido de otra manera. Un glitch es siempre efímero y misterioso. En el cartel vemos dos fotogramas de Película familiar, un film de carácter privado que rodó Val del Omar con su familia en los que aparece besando a su mujer (“La mayor transferencia, el beso”), que han sido glitcheados con un programa específico.

El glitch no es solo atractivo por su potencial como generador de patrones, visuales o sonoros, inesperados, lo realmente fascinante es que, incluso cuando es provocado, nunca sabes qué va a provocar. Es un ataque contra las estructuras ajenas, pero también contra las propias. De esta forma el “beso mecamístico”, cuyo material original es el celuloide, queda alterado por las nuevas tecnologías. Una interpretación estética del glitch que pasa de ser cualquier tipo de sobresalto tecnológico a una reacción contra el hiperrealismo, las imágenes de alta definición y el retoque fotográfico. Como ejercicio contestatario en contra de la perfección, el glitch se entrega a la abstracción e incluso la incomodidad. El glitch no es estética, es política, incomoda a las estructuras de control.

Además de establecer un guiño nostálgico al cinemista granadino, uno de los grandes exponentes de la vanguardia en la historia del cine español, cuyo espíritu trata de continuar el festival, el cartel se piensa como un breve acto de rebeldía en relación a la brutal desaparición de los cines granadinos, un largo etcétera de patrimonio calcinado, abandonado y reemplazado. Pese a todo, el FIJR sobrevive un año más, lo cual es motivo de celebración y rebelión, apostando de nuevo por un cine alejado de las salas comerciales, de gran calado social y estético. El cartel lo encabeza la valdelomariana frase “25 años de desbordamiento”, que hace referencia al aniversario del FIJR con una tipografía no sólo digitalizada y glitcheada, sino desbordada, que confiere un eléctrico broche final a la composición.

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